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Poema 82

¿Cuándo fue que me vacié por dentro?
¿Cuándo acepté la nada como alimento esencial?
¿Cuándo saqué mi alma al sol
y dejé de jugar en silencio?

Confieso ahora que he muerto.
No es tan siniestro como en las portadas.
Básicamente hay mucho vacío
y una penetrante sensación a nada.

Veo pasar el tiempo y ya no me atormenta.
Me duermo sin sueño siempre
y las nubes ya no tienen formas...
He muerto dije. He muerto.

Mis músculos no se estremecen con el llanto
y la risa de los niños ya no trae escalofríos.
Estoy duro y seco, pálido y sordo.
He muerto, sólo sé que he muerto.

Oigo melodías y no quedo absorto.
Como y el sabor no me rinde como esclavo de batalla escandinava.
Si fuera niño, no sabría brincar la suiza
ni entendería las carreras por el campo.

Ni siquiera la tristeza me acompaña
en las noches de frío,
así son las noches de muerte,
solitarias como el abismo.

Me ha quedado el corazón helado
y la mente ya no mueve heridas del pasado.
Las piernas no se me adhieren al suelo
y me quedo inmóvil al lado del camino.

¿Por qué será que no me escuchan?
No me traen flores
ni me dan entierros.
¡Véanme la cara! ¡He muerto!

¡He muerto!