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Poema 64

Confieso ahora
que no pocas veces
me he sentido plomo.

Que la altura siempre viene
con ganas de salto,
con suelo que reclama reunión.

Así es que he visto mi alma
suicidarse mil veces,
saltar al vacío para siempre,
entregarse a volar hacia la muerte.

Siempre lo pienso,
y es extraña la paz que convive con la idea,
como si algo en mi conociera la existencia
de grandes alas ocultas y ancestrales.

Tal vez así escoja mi fin algún día,
convirtiéndome en pájaro, en ángel,
en ráfaga de viento.

Tal vez así empiece mi verdadera historia,
tal vez sea yo Icaro,
tal vez el sol no me cobre cuentas,
tal vez nunca toque el suelo.