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Poema 43

Cuando mis ojos lloran,
no se quedan tristes por mucho tiempo,
pues los reconfortan sus amigos
en un desfile de sollozos y titubeos
que me estremecen el cuerpo.
Así, convierten el llanto,
que de otra forma seria un silencioso reclamo amordazado,
en una fiesta,
y escucho cantos de sirena,
y bailo polcas alternativas
en lo que termina siendo una celebración de vida:
El llanto.