odrec.info - verde que te quiero verde



Poema 16

Se izó el hasta
de lo sueños perdidos
en el atardecer oscuro
de un enero bisiesto.
Y los corazones rojos
marcharon sin tregua
al precipicio tierno
de la ciudad dorada.

La sal de los mares
fue robada por ojos.
Pestañas y párpados
presos, sospechosos.
Un oído testigo,
pero mudo por desgracia,
y un solo cerebro
detrás del gran crimen.

La policía subcutánea
inspeccionaba la escena,
cuando la uña quebrada
advirtió un nuevo hecho.
El himen sagrado del fénix
yacía quebrado en mil pedazos.
La pierna cansada ahora
pedía un descanso de ese escape infinito.

El miembro,
satisfecho a medias,
desconocía la intención
de las manos asesinas.
Y la nariz gritaba:
¡Sangre! ¡Sangre!
Mientras la boca
jadeaba sedienta.

Su hija en su recuerdo
y su conciencia ahorcándolo para siempre.