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Poema 113

Diré ahora
que la esencia de la noche no es tal,
y que al principio y al final de todo
no empieza ni termina nada.
Todo es, todo existe y está, siempre, nunca.
La esencia de la noche no es tal,
y entre la vida y la muerte,
el crepúsculo y el amanecer,
la única diferencia es la que podamos imaginarnos nosotros,
que somos lo mismo que lo que imaginamos,
que somos el sol y la luna y la uña de un cetáseo pre-cínico que nunca se lamentó por la ausencia de su padre.
Bienvenida sea entonces esa tan temida noche,
y dichosos los que en ella desmiembran afanados sus lánguidos lamentos.
Pues no hay ni ha habido nunca,
un goce tan sincero, ávido y puro,
como el de aquello que no es tal: la esencia de la noche.