odrec.info - verde que te quiero verde
| Cuento 2
Ya había percibido su presencia con aquel dolor de espalda. Y desde que era niño entendió, aceptó más bien esa realidad. Esa lejana realidad, que ahora lo enfrentaba ahí, en esos ojos que empezaban a verse gastados, en esa pasividad ajena que disfrazada de cansancio limitaba las tareas diarias a una fracción de lo que antes eran. No lo esperaba. Por lo menos no aún. No recordaba tampoco, o quizás no quería, cuando había sido la última vez que pensó en ese día. Pensó en ignorarlo, pero las bolsas en los ojos se lo impedían, eran como agujeros negros que atraían su mirada, como un accidente. Y seguía mirando una y otra vez, casi con morbo. No quería saber más al respecto, pero no podía ignorarlo ahora. Empacó sus cosas. Un beso. Un par de comentarios casuales y una huida cobarde. Las cosas estaban distintas al salir. Abordó el autobús. Miró sin interés a la pareja detrás de la cual ocupó un asiento. Tarareó una melodía. Sacó su cuaderno, viejo y desordenado, y escribió: "Ya había percibido su presencia con aquel dolor de espalda." Hizo una pausa, miró por la ventana y lo aceptó, su madre poco a poco dejaba de ser la musa juvenil y radiante que fue en una época, y empezaba a envejecer, a dejar que la vida le tatuara en el físico la experiencia. Y así se dio cuenta de que el día había llegado. El era ahora un hombre, tal vez... Y no sabía que hacer con eso. |